Autonomía y dependencia en el Adulto Mayor


Autonomía en el adulto mayor

Contrario a la creencia popular, el 85,8% de las personas mayores es autovalente, mientras que sólo el 14,2% está en situación de dependencia. Estamos viviendo más años, siendo hoy nuestra esperanza de vida de 80, lo que constituye un logro. Sin embargo, la salud se deteriora y un par de conceptos salen a relucir: autonomía y dependencia. te invitamos en este post a comprender qué significan y cómo pueden afectar, no sólo la de un adulto mayor, también las nuestra vidas 


¿Qué es la autonomía en un adulto mayor?

Hazte esta pregunta: ¿De 1 a 10,  cual es la capacidad de controlar tú vida y desarrollar por ti mismo las actividades de tú vida diaria?  pero sin ayuda de otro. También considera tu capacidad para tomar decisiones.

Todos tenemos claro, la importancia que tiene para cada uno de nosotros mantener en nuestra vida un grado adecuado de autonomía personal.

Quizá, porque no es natural,  no tengamos conciencia del valor que significa tener el control  sobre las circunstancias que conforman nuestra vida cotidiana. 

Sin embargo, cuando producto de una enfermedad o accidente sufrimos la pérdida de esta increíble capacidad para llevar a cabo las actividades habituales, descubrimos su valor.

¿Qué significa perder la autonomía?


Dependencia en el adulto mayor

Quizá la merma pueda ser temporal, por ejemplo,  un resfrío un par de días. Pero también por más tiempo,  debido a un accidente o una enfermedad que requiere una recuperación a más largo plazo.

Entonces, en esos momentos,  veremos cómo afecta a nuestro  bienestar esa falta de movilidad y autonomía. Es cosa que busquemos ejemplos en nuestra propia historia de vida. 

Recordemos, sin importar la magnitud de aquello que nos sucedió,  cómo fue ese proceso, como nuestra movilidad se redujo, como necesitamos y dependemos de otros para funcionar o facilitarnos las cosas. 

Porque es importante,  no olvidar que nuestra situación, en menor o mayor grado, provoca dependencia y está afectará a quienes nos rodean. 


Consecuencia de la dependencia

Nuestra situación, temporal o permanente, impactará inevitablemente a quienes nos cuidan. No sólo por las implicaciones derivadas de la enfermedad o accidente, también por a veces es doloroso o traumático la visión del declive físico o mental de ese seres queridos.

En la dependencia podemos encontrar dos efectos: 

1.- Un estado “anormal” para la persona. La persona que ha vivido de forma autónoma durante toda su vida se encuentra ahora en una situación de dependencia que afecta de forma negativa el modo en que se ve y valora a sí misma, su autonomía y bienestar. 

2.- Las necesidades básicas de la persona deben ser satisfechas por su entorno más próximo, por lo general su familia, a menos que se planteen otras posibilidades (por ejemplo, ingreso a instituciones de larga estadía, ayuda privada). Esta labor de ayuda supone múltiples cambios a todos los niveles (sociales, emocionales, económicos, laborales).

Tipos de dependencia en un Adultos Mayor


Señales de alarma ante la dependencia

Según lo señala el “Manual de cuidado de personas mayores dependientes y con pérdidas de autonomía” , elaborado por el Minsal, citamos a continuación los tres tipos que podemos encontrar y sus explicaciones: 

La dependencia física

Puede sobrevenir bruscamente, de manera que el entorno familiar la percibe con toda claridad. Sin embargo, también puede aparecer de forma progresiva y lenta, cuando, por ejemplo, surgen algunas dificultades aisladas y paulatinas: pérdida de visión o audición, dificultades para hacer algunos movimientos como salir de la tina, abotonarse la camisa. 

La dependencia entonces es más difícil de medir y de percibir, tanto por el entorno familiar como por la persona afectada. Estas limitaciones acumuladas son con demasiada frecuencia achacadas a la edad, como si fuera algo inevitable. 

Esta percepción impide buscar soluciones médicas -rehabilitación, medicación, cirugías que permitan superarlas o mitigar sus efectos sobre la autonomía. La necesidad de ayuda y de cuidados físicos incide de forma básica en la familia. Es ella quien, por regla general, asume esa responsabilidad.

La dependencia psíquica o mental

Sobreviene de forma progresiva. Se aprecia cuando la comunicación cotidiana va perdiendo sentido, coherencia y eficacia, y la conversación se hace casi imposible. 

Las personas afectadas comienzan a ser incapaces de expresar sus necesidades y de cuidarse a sí mismas. Para las familias, el primer paso consiste en admitir el cambio psíquico que se ha producido en el enfermo. 

Esto puede resultar incluso más doloroso que el desgarro que produce observar el deterioro de un ser querido. 

A los efectos que genera en la familia el esfuerzo por satisfacer las necesidades básicas de la vida diaria de la persona dependiente se añaden en este caso los problemas conductuales, afectivos y morales derivados del cuidado del familiar con disfunciones mentales, relacionadas en su mayoría a la demencia. 

Estos efectos se plasman en la carga psicológica que genera la atención a estos pacientes y que debe soportar la familia.

La dependencia afectiva

Puede estar provocada por un golpe emocional que implica cambios de comportamiento. Las desorientaciones se multiplican y las demandas de compañía, también. 

Estos síntomas, a veces difíciles de descifrar, deben entenderse como llamadas de atención. Las personas mayores ven a menudo desaparecer a sus amigos. La ausencia más grave es la del cónyuge. 

La sensación de soledad que producen estas pérdidas viene acompañada por una legítima inquietud: “¿Cuándo me tocará a mí?”. 

Esta forma de dependencia se manifiesta en la necesidad de la persona mayor de estar siempre acompañada y estimulada para relacionarse con los demás. 

La soledad es la enfermedad más grave de la persona mayor


Conclusión

La dependencia  y la falta de autonomía es un camino de ripio. Es frecuente no hallar instancias de autonomía posibles de cultivar

Sin embargo es necesario comprender que dentro de lo posible, hay que permitirle  al adulto mayor valerse por sí mismo. 

Y no debemos caer en la trampa de que queremos dejarlo en el abandono. Porque no es desamparo, pues no lo vamos a dejar de cuidar, sino quien es para fortalecer su autoestima. 

Es necesario, si nos toca cumplir con la labor de cuidador, percibir qué cosas puede hacer, en este caso el adulto mayor a nuestro cuidado. Por ejemplo, no podrá bañarse, pero sí vestirse.

Hacerlo no sólo ayudará en su autoestima, también en el de la familia.


Equipo creativo y desarrollador de contenidos Factor Lúdico

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